LIVING LAVAPIÉS 1: EL METRO

Me embutí en mi flamante ropa nueva. Ahora iba como las dependientas en las tiendas.
Receta para triunfar:
Pantalones vaqueros oscuros y ajustados de Zara. Camiseta de manga corta con la palabra “Love” y un corazón de Bershka, morada. Chaquetita azul oscura muy corta encima, también de Zara. Un cinturón vaquero encima de la camiseta, a la altura de las caderas –modelito copiado de una dependienta del Pull&Bear. Tacones altos y algo que se lleva mucho: muchas, muchas pulseras grandes de varios colores.
Enormes pendientes de metal, mucho maquillaje marcando sobretodo pómulos, labios y ojos, y como toque final el pelo recién lavado, con un brillante rubio. Los detalles son lo más importante.
Rocíese todo con un poco del White Musk de Body Shop, una gorrita mona, una chaquetita corta y un bolso a juego.
Lo que hace la moda. Según salí de casa ya estaban diciéndome piropos. En fin, por fuera iba con los pantalones y la misma chaqueta que llevo todos los días a clase, lo único distinto eran los tacones. Cómo son los tíos.
Como dice Silvina, ven una minifalda y se vuelven locos –aunque sea colgada en una percha-
Entro en el metro.
Al fin la vocecita femenina que sacó Manu Chao en “Me gustas tú” dice:
Próxima estación....Lavapiés.

Empiezo a plantearme si voy vestida adecuadamente para la ocasión. Sí, estaría bien para salir por Huertas, pero...¿Lavapiés?
Me fijé en la fauna que salió conmigo del vagón. Todos los marroquíes, los rastas y los más pintas también se bajaban allí. Miré cómo se iba el metro pensando en que era la una de la mañana y yo me estaba metiendo en la zona más peligrosa de Madrid, sola.
Una indigente se cruza conmigo cuando salía del metro. ¡Anda, esa es la que salió la semana pasada en la tele follando en la plaza de Lavapiés con un hombre! Para que luego digan que aquí no hay glamour.
Bueno, tampoco vamos a exagerar. Esta habiendo una corriente de atracos a centros comerciales en Madrid y uno de ellos fue con mazos. El otro dia, al salir del metro en mi barrio, me encontre a cuatro hombres de Europa del este que se metian dentro, uno de ellos con una maza en la mano.
Esperé a Nichola a la salida del metro. No estaba allí aún.
Todos a mi alrededor tenían rastas o eran negros.
Un marroquí se me quedó mirando fijamente, entonces empezó a acercarse. Cuando le tenía a unos 30 cms de mi cara suspiró y dijo, mientras se alejaba: “riquísima”.
-Gracias. –Contesté, por si acaso se mosqueaba.
Me metí en el metro, en las escaleras, como si esperara que ellas me protegieran y lista para salir corriendo. Si Nico no aparecía en 5 minutos me iba a mi casa. Le llamé, pero no lo cogía. A lo mejor estaba en el bar y no me oía. Ay, Dios mío. A mi lado estaban los de la limpieza del metro (se ha acabado la huelga) Uno de ellos, español y joven, tonteaba con una chica arriba, el otro, muy moreno, sudamericano, se me acercó.
-Muuuuuujerrrrr....si puedes tú con Dios hablarrrr......pregúntale si yo alguna vez te he dejado de adorarrrrrrrrr........
Se para como esperando respuesta.
-Muy bonita.
-¿Te gusta?
-Me encanta esa canción.
Y entonces me dijo algo que no entendí.
-¿Cómo?
-¿Usted es de acá, de Madrid?
-Ah, sí. ¿Y usted? ¿Cubano?
-No, soy ecuatoriano.
Empezó a contarme que si Ecuador era muy bonito, pero muy chiquitito, y que España era enorme para él. En ese momento veo llegar a Nichola con una botella de cerveza en la mano.
-¿Qué haces?
-Aquí, con mi nuevo amigo.
-Estaba aquí haciendo compañía a la señorita. No se deja a las señoritas esperando.
-Lo siento, no me dejaban salir.
-Te he llamado.
-¿En serio? ¿A ver? Ups, sí, tres llamadas perdidas.
Nos despedimos del de la limpieza y me llevó al bar de sus amigos, el Chisco.
Me fijo en los balcones, en sus carteles sobre las olimpiadas de la zona y los de “Lavapiés no pasa”.

No sé si sabéis de lo que os hablo, lo de las olimpiadas. Los vecinos han hecho unos carteles que muestran las distintas categorías en la zona. Una de ellas, por ejemplo, es el “Escupitajo libre” o algo así. Lo pienso mientras miro a la gente del bar, escupiendo hacia donde les venía en gana. Luego pensé en la de “Trapicheo con relevos”.


Me fijo en los negros de la zona.
-Esos son los traficantes, pero tranquila, no hacen nada.
-¿Estás seguro que esto no es peligroso? ¿Nunca te han atracado?
-Qué va...
Y entonces empezó a contarme una vez que le robaron el móvil, otra en que intentaron robarle la mochila pero acabaron a ostias, todo en el mismo bar en el que íbamos a entrar.
Por lo visto le habían echado varias veces por peleas.
-Los peligrosos son los polis. Antes estaba lleno de ellos. Pero ya se han ido.
-¡No se van a ir! Si ni los taxistas entran en esta zona.
-A mí me han registrado varias veces.
-¿Te detuvieron?
-No, aquí en España nunca me han metido en la cárcel.
-Ah, aquí no........
¡Mamiiiiiiiiiiiiii!
A ver cómo os explico mi situación. Si leéis los periódicos cuando hablan de esto, siempre salen dos calles, que confluyen ambas en la Plaza de Lavapiés. Una es la Calle del Olivar y otra la de Lavapiés.

Plaza de Lavapiés ("Almuerzo en la plaza", versión Lavapiés)
En ambas hay peleas porque una zona está cogida por los traficantes marroquíes, la conocida Banda del pegamento, y la otra calle por los africanos. Las dos calles más peligrosas de Lavapiés. Vale. Pues el bar estaba en la calle de Lavapiés, la de los marroquíes.

Calle Lavapiés
Entramos. La mitad de la gente era negra, la otra mitad hippie, rastas.....fauna autóctona 100%. Gente que vendía en el Rastro, otros más normales. Eso sí, no dejaban fumar porros y estaba lleno de carteles que lo indicaba. Por eso nos lo fumamos en la puerta.
Estaba muy borracho, la verdad, me desilusionó un poco aquella noche. Bueno, un poco- ya no me gusta nada de nada-. No sólo porque me dejara esperando en la puerta del metro (al final sólo fueron 5 minutos), si no...por todo, porque estaba demasiado borracho para mantener una conversación en condiciones, no le salían ni las palabras. Sólo sonreía.
Me presentó a sus amigos. La mitad italianos, pero no tenían nada que ver con los italianos guapos y bien vestidos que había en Ibiza. Eran...totalmente diferentes. Se fueron. Se puso a hablar con unas chicas. Una de ellas era muy gordita pero llevaba minifalda y muchos collares de perlas. Nos acercamos a la barra, él pidió por mí, pues eran colegas suyos
Otros amigos suyos estaban el la barra. Un italiano que vivía con él (idéntico a un irlandés que salía con una amiga mía, alemana, cuando vivía en esa especie de comuna en Limerick), otro italiano más mayor y con barbas, que no parecía italiano si no, no sé...escocés o algo así. Y un chico y una chica españoles. La chica y el barbas estaban liados, o eran novios, o lo que fuera. Muy hippies. Ella iba súper borracha. Me quito la chaqueta y dejo al aire mi camiseta de “Love” y mi chaquetita corta de Zara.
-Éste, Remo, el barbas....cuando iba a buscarte no me dejaba salir. Tenía juanolas en la boca, la lengua la tenía negra, y me abrazaba e intentaba dar besos continuamente. Ha acabado rompiendo no sé cuántos vasos, casi le botan del bar.
Noto como una ligera impresión de que no pego absolutamente nada ahí y que con toda la ropa hippie que tengo tenía que haber elegido otra cosa para la ocasión. No sé qué decir, ni qué hacer. Nico está en la barra y no sé con quién hablar. El español me mira con los ojos entreabiertos por las cervezas y sonríe para él. La chica también me mira. Me pongo a mirar hacia otro lado pero entonces se me acerca un chico negro, me agarra por la cintura y se pone a bailar conmigo. Yo me acuerdo de todas las veces que me he quejado de ir a Huertas con Cris o con Sara, y deseo estar allí o incluso, mira, en algún bar de la Castellana, donde sabría, al menos, cómo comportarme. Pienso en tomarme una e irme, porque no me gusta nada la situación ni los amigos de Nichola.
Ponen a Extremoduro, que me encanta. Vale, me tomo una y me voy. Pero antes voy a intentar sacarle partido a la situación, es una experiencia.
“A lo mejor incluso me da para escribir un capítulo en el blog”, pienso.
Pero la noche dió para más de uno.
Blog: "Mi vida en Lavapiés":
AMA, AMA Y ENSANCHA EL ALMA
Ama, ama....y ensancha el alma.
Quisiera que mi voz fuera tan fuerte
Que a veces retumbara en las montañas
Y escuchar a las mentes social-adormecidas
Las palabras de amor de mi garganta
Abrir los brazos, la mente y repartiros
Que sólo os enseñaron el odio y la avaricia
Yo quiero que todos como hermanos
Repartamos amores, lágrimas y sonrisas
De pequeño me impusieron las costumbres
Me educaron para hombre adinerado
Pero ahora prefiero ser un indio
Que un importante abogado
Hay que dejar el camino social alquitranado
Porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas
Hay que volar libre, al sol y al viento
Repartiendo el amor que tengas dentro
Hay que dejar el camino social alquitranado
Porque en él se nos quedan pegadas las pezuñas
Hay que volar libre, libre, libre.......
-Extremoduro-

El ojo cojo dijo
¿Apartheid en Lavapiés?
La pasada semana no han cesado las llamadas de vecinos comentándonos lo que pudimos comprobar con nuestros propios ojos: La pequeña plaza del Barrio madrileño de Lavapiés repleta de policías a caballo y perros de ataque. El objetivo principal: detener a inmigrantes sin papeles.
Cierto es que Lavapiés es un barrio con alta concentración de inmigrantes, pero no el único, y el comportamiento policial en otros barrios no es el mismo. ¿Qué diferencia a este barrio? Las infraviviendas que existen en la zona permiten un mayor acceso al alquiler para personas que llegan a vivir al Centro de Madrid, favoreciendo una mixtura entre población "castiza"afincada desde hace años, artistas que viven en sus loft y acceden a los espacios culturales mas prestigiosos de Madrid e inmigrantes que vienen a trabajar. Difícil combinación cuando escasean herramientas para la convivencia. A esto se suma que año y medio atrás se realizaron reformas en la Plaza de Tirso de Molina (Cercana al barrio), lo que ocasionó el traslado de la población marginal y que dormía allí, hacia este barrio.Para colmo, como respuesta a la explosión de natalidad y la falta de servicios subsiguiente, se injertó en medio de la plaza un mini parque con un tobogán y un pato...
La jornada habitual comenzó a transcurrir entre los que salían al barrio desde la boca del metro, los comerciantes, traficantes y ladrones que se reúnen en la casa de juegos, frente a la plaza, trabajadores que llegaban de su trabajo y hacían sus compras en el supermercado, amas de casa que vendían alcohol en la plaza para aumentar sus ingresos, menores sin familia vendiendo drogas, alcohólicos y drogadictos durmiendo y teniendo sexo en pleno día junto a niños que se acercaban a los juegos y la policía que llegaba, incomodaba y se retiraba sin mayores acciones.
Desde hace mas o menos un año y respondiendo a las demandas de la organización Lavapiés no pasa, comenzó a aumentar la presencia policial, sin aumentar los recursos para servicios sociales. Muchos de los menores inmigrantes fueron internados con la orden de ser trasladados cada 2 meses, impidiendo cualquier proceso de inserción social profundizando el daño. La policía comenzó a negarse sistemáticamente a identificarse. Pedían documentos a hombres árabes y los municipales se dedicaban a detener vehículos conducidos por hombres de raza negra, pasando por alto expresamente las situaciones de violencia originadas por población nativa. Las detenciones comenzaron a ser cinematográficas, armas gatilladas entre la población civil, pequeños traficantes desnudados en plena calle para evitar su huida, frente a la presencia de menores Los enamorados no podían discutir porque la policía se acercaba para ver si se trataba de violencia doméstica. Era común ya cruzar cada 3 metros con hombres de chaqueta, comiendo pipas y hablando en walkie talkie...
Tal vez los vecinos y organizaciones de la zona nos acostumbramos a tener esta vida tutelada. Tal vez esperando mejoras nos hemos quedado sin decir nada. Hace una semana, cuando muchas de las organizaciones sociales de
la zona participaban de un pleno monográfico sobre seguridad en el salón de la Junta Municipal del distrito Centro, la Plaza de Lavapiés se convirtió en el aparcadero para 7 coches de la policía nacional, mientras dos policías a caballo divisaban el paisaje desde la explanada del teatro, frente a la boca del metro. Se trataba de un control, pero no era de venta del alcohol, o drogas. Contra una de las paredes se veían las siluetas masculinas de los mas diversas razas, menos la caucásica. Chinos, africanos, bangladíes, otavalos, ecuatorianos. Ninguna persona de cabello rubio, ninguna mujer. Los medios de comunicación no dijeron nada, tampoco aparecieron tampoco hasta ahora las organizaciones.
Las situaciones son cada vez mas alarmantes: perros acorralando contra un muro a hombres africanos, policía montada (las heces de esos animales no se recogen...). Y los inmigrantes... que llegan cansados, de su trabajo y caen como moscas en la miel, en manos de la policía. Porque están tan cansados que ni siquiera se les ocurre cambiar de metro o tomar otro camino para llegar a su casa. Muchos de los oficiales, tanto municipales como nacionales dicen estar descontentos, recuerdan que sus abuelos emigraron y reconocen que Lavapiés es un barrio de trabajadores pero que obedecen órdenes, que según ellos, vienen de "los políticos". Entre tanto, los traficantes actúan a tres metros de la policía, frente a ella, los locales donde se trafica continúan abiertos. La tensión crece en un barrio al que no llegan ya los turistas, un barrio de inmigrantes y españoles , trabajadores y supervivientes.
Hoy por la tarde aparcaron 4 motos junto al parquecito de niños, Era policía nacional, se acercaron a dos hombres árabes, tenían tarjeta de residencia, entonces, en superoperativo les ordenaron que no tiraran las colillas de sus cigarros al suelo. Cuando unas madres pidieron a los oficiales que por favor se alejaran del parquecito, para que los niños pudieran jugar tranquilos, los policías pidieron documentos a todas las madres. Una vecina que pasaba por allí, que dijo ser de Lavapiés no pasa, les gritó "malditos inmigrantes regresen a su país".Entonces llamamos a la prensa y lo haremos cada vez que esto suceda y cada vez que alguien que diga pertenecºer a una organización, le falte el respeto a un vecino
En plena campaña electoral, unos culpan de esto al PP, otros a Zapatero. Algunos mediadores culturales dicen que desde el 11M existe en la policía una orden de detener por "fenotipos" y que esa orden nunca se ha levantado. De ser así, eso se llamaría racismo.
Hemos colsultado al diputado Cerolo y nos ha respondido que la Delegada de Distrito dice que todo el operativo es por el pedido de mas seguridad de los vecinos y que las fuerzas policiales que van al barrio son municipales, no nacionales, por lo que hemos tenido que enviar fotos que documentaran los hechos
Lo cierto es que no es buena propaganda porque seguramente los inmigrantes con papeles, los que votan, tampoco se sientan muy bien por lo que viven sus paisanos. Sería bueno que los políticos explicaran por qué la policía se niega a identificarse en este barrio. Por qué si un ciudadano pide la identificación, la policía pide documentos y amenaza con denunciar ante el juez. Por qué el Comisario de Leganitos, conoce esta situación y permite que suceda constantemente.Sería bueno que nos animáramos a ejercer derechos básicos de todo ser humano, empezando por la solidaridad.
24 Febrero 2008 | 01:54 AM