La Coctelera

MUJERES QUE NUNCA EXISTIERON

El ir y el devenir de una soltera en una ciudad como Madrid.

25 Diciembre 2007

Medina Azahara






Decidí llamar a Bachir, el chico marroquí que había conocido dibujando en el templo de Debod.

Quedamos en la Plaza de Santa Ana. Llegué pronto, así que le esperé en el Café Central.

En Madrid también hay bares famosos entre los madrileños, y este café es uno de ellos (aunque claro, no todo el mundo lo conoce) Es un café muy antiguo, mi madre solía ir allí de joven. En este café hacen conciertos de jazz músicos famosos de todo el mundo. Es ésta la plaza de los cafés por excelencia. Hay varias cervecerías alemanas, y algunos cafés muy viejos, enormes, con grandes lámparas en el techo.

Recuerdo un día en que fui allí con un chico que había conocido en Irlanda. Nos sorprendimos al recordar que en España los cafés tenían licencia para servir alcohol (en Irlanda no la tienen, porque la licencia del alcohol es muy cara) Recuerdo que ese día nos hicimos un montón de fotos, una en la puerta del España cañí, otra junto a un termómetro que marcaba 42 grados....

Otro día, estando por allí con mi madre y mi abuela, cuando tendría unos 17 años, salí corriendo de un café porque tenía todas las paredes empapeladas con fotos de toros. Hasta ese punto llegaba mi radicalidad. No es sorpendente, pues, que acabara yéndome de España.

Mientras me tomaba una cerveza y unas estupendas aceitunas aliñadas (me las merecía después de lo que había pagado por esa cerveza) miraba hacia la puerta del hotel que hay en la esquina de la plaza, donde van a vestirse los toreros antes de irse a Las Ventas.

Tantas historias en esa plaza que sería imposible recordarlas todas ahora.

El día que vinieron Fernando y Chris a Madrid (mis amigos que viven en Dublín, Fernando que es de Barcelona y Chris irlandés) Intentamos comprar jachís a unos chicos negros que estaban en un banco, pero no lo hicimos porque era muy caro. Max (mi ex francés) robó un poco que se había quedado pegado en su mano, y los chicos negros nos persiguieron hasta Gran Vía porque querían vendernos. Qué susto. Después nos lo fumamos en mi casa, con un Fernando totalmente borracho que no hacía más que gritar que veía un hombre apareciéndose en el salón. ¿Te acuerdas, Fernando?

La última vez que había estado en esa plaza había sido este año, hacía unos meses. Habíamos quedado unos cuantos para ir a un concierto de jazz en el Populart, en Huertas. Belén, Ángel y Álex, de mi clase, se fueron primero de botellón. Lo intentaron en la plaza de Sta Ana, pero había unas carpas con comida popular de no sé cuantas comunidades, y entonces decidieron intentarlo en la calle Huertas, pero había una pelea con policía bares incluídos. (Al día siguiente vi una en Lavapiés que estaba hasta el Sámur)

Llegó Bachir. Se sentó a mi lado y no paró de hablar hasta que nos fuimos. Era muy maleducado y me pregunté cómo había podido parecerme mono el día en que le conocí. Me dijo que en ese café actuaba a veces una amiga suya, que era bailarina del vientre.

Fuimos a comer a un vegetariano. Era tipo buffette.

-¿Un vegetariano? Y qué se come allí, ¿lechuga?

Intenté aparentar que esa broma nunca la había oído antes. ¿Por qué la gente se empeña en repetirse, en hacer lo mismo, una y otra vez?

-Ya verás cómo hay muchas cosas. La comida vegetariana es de la más deliciosa que he probado.
-No, si yo tuve una novia vegetariana, lo que pasa es que nunca fuimos a comer a un sitio de esos.

El buffette era increíble. Tenían una barra en el centro del local (muy pequeñito, con sólo una mesa dentro y un banco de piedra afuera) y se pagaba por gramos. Parecía barato, pero claro, cuando pesabas un plato entero eran bastantes gramos.

-Son 18 euros.
-Jóder con la lechuga.

Nos sentamos en la única mesa.

-¿De verdad no te gusta?
¿Qué dices? Está todo riquísimo. ¿Y has probado esta imitación de caviar? Está hecho con no se qué.

Hablaba sin cesar, y a la vez que comía. Yo no podía mirarle, porque soy extremadamente escrupulosa con algunas cosas (la comida especialmente)
Me habló del cuscus. Se rió al recordar que una amiga suya una vez preparó uno que venía ya precocinado en una bolsa.

-Así es como lo hago yo. ¿Cómo se hace realmente?
-El cuscus va en la parte de arriba de una cacerola que tenemos allá. y abajo pones el agua, junto con siete tipos distintos de vegetales, calabacín, calabaza....no sé, mi madre lo hace muy bueno.
-Osea que la que lo cocina es tu madre, no tú.

Empecé a acordarme de Gadafi y sus 30 vírgenes totalmente armadas, que viajan con él como guardaespaldas.

-Trabajo en la construcción, hago pladur. Hay mucho trabajo y se paga bien. -Me decía, hablando del trabajo constantemente, cosa que me aburre profundamente -a no ser que sea un trabajo tipo fotógrafo del National Geographic-
-Ah ¿sí? -¿Por qué los chicos insisten en intentar impresionarte con algo tan aburrido como el dinero?-
-Viajo mucho. Por todas partes de España, así que a veces paso temporadas fuera de Madrid. Por eso tengo que comprarme un coche. -Y empezó a hablarme de ellos, soca que acabó de decidirme. ¿Cómo iba a contarle que o me gustan los coches, que eso a mí me da igual, que preferiría a un chico que fuera en bicicleta y que los fines de semana saliera a escalar a La Pedriza?

Decidí hacer lo que toda buena chica debe hacer, sonreir e intentar aparentar que me importaba lo que estaba diciendo, que lo que decía era tremendamente interesante. Decidí, como en El Principito, no hablarle de bosques vírgenes, sino de golf. Y volví a sentirme como siempre, totalmente sola, incomprendida. Le pregunté cuándo había venido a España.

-Hace muchos años. Era un chaval, con unos 15 o 16 años. Estuve en varias ciudades, Barcelona entre ellas. Pero acabé en Madrid.

Preferí no preguntar más, porque no parecía gustarle mucho el tema. Imaginé que quizás había venido en los bajos de algún camión.

-Aquí mucha gente no comprende nuestra religión. Y para mí es mucho más justa y más real que el catolicismo.

-No me considero católica, ellos también han hecho bastante daño.

-¿En serio? ¿Y qué eres?

-¿Yo? Soy yo misma. Si tuviera que decidirme por una religión sería el paganismo. La naturaleza es la única cosa que tiene sentido respetar, y no un ser etéreo que nunca se ha probado que exista.

-Pero en eso reside todo, en eso reside su importancia, en la fé.

-¿Fé? ¿Para qué? ¿Para luego salir armado hasta los dientes y decir que luchas por un dios? O para ver como el papa tiene más dinero que algunos países de África.

-Así que a ti sólo te preocupa vivir.

-Eso me dijo un chico musulmán una vez, que sólo bebía y salía de marcha, y él, que estaba prometido, se pasaba las horas en los cibercafés mirando páginas porno. Me da igual la religión que tenga cada uno, en lo que crea, si luego se comporta como tiene que comportarse. Lo que no es normal es que vayas los domingos a la iglesia y después no des un duro a los pobres, o te cases y al año te divorcies. Yo estoy totalmente a favor del divorcio, pero la gente no se casa en la iglesia porque sea católico, se casa por llevar un vestido bonito. Y luego el papa sale diciendo que las mujeres maltratadas no tendrían que divorciarse, que hay que aguantar. Pero lo peor son las dobles caras, el intentar cumplir todos los dogmas de la iglesia y después ponerle los cuernos a tu mujer con una veinteañera. Es como cuando empezó la burguesía en la revolución industrial, el aparentar. Eso es lo más importante.

-Ya, sé lo que quieres decir. Pero tu religión te llena de felicidad, te hace persona, una persona completa.

-Yo puedo estar mucho más completa con mis creencias personales. Las religiones no te llenan de felicidad, te llenan de deberes imposibles de cumplir, sobretodo a la velocidad que da el mundo. Todas las religiones, todas, han traído más problemas que otra cosa. Menos mal que ahora, cada vez menos, se lucha en nombre de ellas.

-En mi país no es así, la gente es feliz.

-En todos los países es lo mismo. Y en el tuyo se sigue luchando en nombre de ella. Habrá quien la cumpla e verdad, pero es casi peor. En el mundo musulmán las mujeres no tienen derechos, incluso pegarlas es legal.

-Eso no es así, las mujeres en mi país son felices.

-Algunas han huído, ¿cómo pueden ser felices? No han tenido otra opción, no han conocido otra cosa. Si se quejan, si son infieles, los maridos las echan a las cocinas de queroseno, y la policía hace la vista gorda.

-Ahora eso ya no pasa.

-Dependerá del país. Lo del velo, por ejemplo, no digo que en todos los países musulmanes estén obligadas a llevar burka, pero el velo sí que tienen que llevarlo.

-Pero ellas lo llevan porque quieren, porque respetan. Una mujer casada se debe a su marido y no a los demás hombres.

-Pero...¿qué dices? No tiene por qué ser infiel sólo porque enseñe la cara.

-La cara la puede enseñar, pero el pelo no. Lo mismo que las piernas y los brazos. Yo soy muy moderno, a mí no me importaría que mi mujer tuviera amigas e incluso saliera con ellas si me respeta.

-¿Pero tú la respetarías a ella? Según tengo entendido, muchos hombres les son infieles a sus mujeres.

-Y está mal.

-Está mal pero no pasa nada.

-Mi mujer puede enseñar la cara, pero el pelo no, el pelo es sensual. Igual que los brazos. O las manos.

-¿Las manos?

-Tú no lo entiendes porque eres mujer. Un hombre ve a una mujer, cualquier parte de su cuerpo, y siente excitación. Las mujeres tienen que evitar eso, por eso deben cubrirse.

-¿Y por qué no se cubren ellos los ojos?

-¿Cömo? No podrían andar.

-Pero la mujer sí puede vivir tapada hasta las cejas.

-Yo soy liberal, no me importaría que se destapara las manos en verano, pero los brazos no.

-Con ese calor....

-Pero el amor a Dios la refresca por dentro.

Me ha llamado varias veces, pero no he contestado. No por nada, si no porque no tenemos nada en común.

Va a ser verdad lo que dicen, me junto con los chicos más raros que hay.


Un chico de mi clase dice que por mi pinta “hippie” los tíos normales deben pensar que les voy a meter un rollo que no veas.
Un amigo de Cristina dice que mi aspecto “grounge” se asocia con ser inteligente, y que eso a los chicos les impone, porque ellos, a las dos de la mañana, no buscan una chica inteligente, buscan una chica borracha.




Yo me pregunto cuándo demonios la gente dejará de psicoanalizarme.

servido por Rebeca 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Fernando

Fernando dijo

Como me voy a olvidar de eso? lo pase fatal.
Pero es que nunca me ha vuelto a pasar, ya decias tu que ese piso tenia fantasmas.
Por cierto, te acuerdas de tu comentario sobre el color del mueble?
Que bien nos lo pasamos!!!!

10 Enero 2008 | 01:17 PM

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Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, por la ciudad camino, no preguntéis adónde. Busco acaso un encuentro que me ilumine el día, y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. (Sabina)

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