La Coctelera

MUJERES QUE NUNCA EXISTIERON

El ir y el devenir de una soltera en una ciudad como Madrid.

17 Noviembre 2007

PINCELADAS DE IBIZA 8: EL ATLANTIS


Atlantis (Ibiza)



Como siempre que me voy, me invadía una extraña sensación. Era mezcla tristeza mezcla...arrebatamiento.

Recuerdo un día en que volvía a Irlanda después de haber pasado aquí unos días de vacaciones. Cuando el avión despegó, sentí como....como en un viaje astral te debes sentir si te separan de tu alma, como si alguien tirara de ella y se quedara abajo.


El chico del mercadillo hippie me había dicho que había un sitio cerca de Es Vedrá al queél nunca había conseguido llegar, pero que merecía la pena. Se trataba de una antiguacantera de piedra, de donde habían sacado la muralla que rodeaba el castillo.

El castillo (en lo alto de la famosa colina que supone la zona de resturantes y de la Virgen -bares- del centro de Ibiza) es patrimonio de la humanidad. Hay varias allí:

-Dalt Villa (esa zona)
-Las afueras de Dalt Villa.
-El asentamiento fenicio.
-Una necrópolis en Puig des Molins.
-Hay también un parque nacional.




En esa cantera abandonada, los hippies en los 60 habían esculpido caras extrañas y figuras de Buddha. Estaba en la parte más baja de un acantilado, así que sólo podías llegar bajando por él o en barco.


Pasamos por un pueblecito hippie, uno de los últimos. Leí en una revista que era éste el último rincón hippie de Ibiza, pero allí me dijeron que era S.Carles (donde estaba el mercadillo). Este otro pueblo se llamaba S.Joan.


Su tiendecita con un totem a su entrada. Su pequeño café con dulces ibicencos. Las estanterías repletas de comida vegetariana en los supermercados...

En uno de ellos preguntamos por la típica tarta de queso de allí y fueron a buscarla a la casa de al lado, donde las hacía una señora.

-Ya verás qué ricas las hace.


El olivar, y esas flores.....rodeadas de montaña. Aunque el día antes ya habíamos subido a la misma montaña, volvimos a repetir, porque de noche era imposible acceder a esta zona.
Así que volvimos a Es Vedrá, porque era el único sitio desde donde sabía cómo ir al Atlantis.

Comenzaba a chispear.


Subimos por una cuesta hasta un desvío y encontramos una esplanada donde dejar el coche, tal como nos habían dicho.

Comenzamos a andar, sin saber muy bien si íbamos bien. Entonces nos encontramos con unos chicos en una furgoneta y les preguntamos.

-¿El Atlantis? Claro que sé dón está. Tenéis que cruzar esta valla, hay un roto aquí cerca. Después continuáis andando hasta que os encontréis con el acantilado, hay un sendero para bajar, de toda la gente que ha ido a verlo. Parece empinado, pero es seguro. Tenéis que bajar hasta la playa, allí veréis la cueva del Buddha. Entonces es que váis por buen camino.

Comenzamos a andar.

-¡Qué simpáticos!
-Sería por el porro que se estaban fumando.
-Ay, ¿en serio?

Cuando llegamos al acantilado, después de media hora, nos encontramos con unas rocas junto a él, enormes, que se veían a lo lejos. Eran caras mirando hacia el mar. Me recordaban mucho a la Isla de Pascua.


-Yo por ahí no bajo. -Dijo mi madre. Nosotras empezamos a bajar.
Después de un rato mi hermana se plantó también. El camino era como una serpentina, había momentos en los que era mucho más difícil. En esos momentos ya implicaba tener que saltar algunas rocas.

Seguía chispeando. No se veía el final, parecía que no iba a acabar nunca. Evitaba mirar hacia abajo, pero era imposible.

Llegué a una parte arenosa con una especie de cueva frente a ella. Esa parte estaba muy empinada. Abajo había lo que parecían unas lagunas y oí gente bañándose en ellas. A mi izquierdael sueloa desnivel mezclándose con agua salada recordaba su pasado de cantera. Había algunas caras esculpidas sobre otras rocas. Pregunté a unas chicas alemanas que estaban sentadas bajo un árbol pintado de rosa, me dijeron que iba por buen camino, que no me desviara, simpre hacia la derecha.


Bajé un poco más pero ya no supe seguir sin tener que nadar, y no iba preparada para ello. Comenzó a llover. Estaba abajo y me quedaba al menos media hora de camino hasta arriba. Decidí volver, preocupada también por mi hermana que me dijo que me esperaría a mitad de camino.

Cuando comencé a subir ya no quedaba nadie. Entonces vi una cueva, y el Buddha dibujado a su entrada.



Había unos cartones de leche y de zumos en la puerta, y unas pulseritas. Unos abalorios colgaban del techo, moviénse a la vez que el viento. Vi un colchón.
Me di la vuelta para volver al sendero, pero no lo encontré. Estaba empeñada en que quedaba a mi izquierda. Bajé, subí, di mil vueltas. Pero nada. Empecé a asustarme.

El suelo estaba mojado, y las piedras resbalaban. Llegó un momento en que ya tenía que escalar, y tuve que subir algunas rocas agarrándome a las piedras y a las ramas de los árboles.

Seguía lloviendo y no había absolutamente nadie a quien preguntar.

Volví a bajar hasta la cueva, volví a subir por otro lado, pero estaba asustada y no podía pensar. Me entraron ganas de llorar.



Entonces oí voces y me encaminé hacia ellas. Cuando me acercaba vi un pañuelo negro sobre un árbol. Aparté unas ramas y cuatro perros saltaron sobre mí ladrando.

Era una cueva, ya había dos personas dentro, tumbadas en hamacas.

-Hola. Yo.....me he perdido.
-Joder, tía. ¿Cómo has encontrado esto?
-He visto el pañuelo.
-Es nuestra bandera. Esta es la cueva del amor. Espero que no te hayan asustado los perros.
-No, no.
-Este es el peor. Es medio lobo.
-¿Me podéis decir cómo volver al sendero?
-Si has llegado hasta aquí es mejor no volver a él, estás cerca de arriba. Mira, sigue por el borde de la roca, no te desvíes. Verás unos escaladores justo encima tuyo. Sigue siempre por el borde, y llegarás arriba.
-Vale. Gracias.


Volví a intentarlo, pero entonces la roca ya se descolgaba del acantilado y si me caía me podía matar. Se me empezaron a saltar las lágrimas. Tenía mucho miedo. No sabía si podría volver a encontrar la cueva, pero lo intenté.

Los perros volvieron a salir, ladrando.


-Perdonad otra vez, es que por ahí no se puede subir.
-Pero si es muy fácil.
-No puedo, en serio. Necesitaría un arnés o algo, hay una buena caída.
-Eso es que no has encontrado el camino que te he dicho.
-¿Seguro que por ahí se puede?
-No te habrás tomado algo. ¿Estás drogada?
-No,no.
-Es que mucha gente viene aquí drogado, se toma pastillas de esas.
-No he tomado nada.
-Mira, tienes una carilla de miedo....déjalo, a ver si te va a pasar algo. Nosotros tenemos que ir a la civilización dentro de un rato, ¿por qué no te quedas y vuelves con nosotros? He quedado con unos amigos arriba, ya tienen que estar esperándome.
-Es que a mí tambiénme están esperando, deben estar asustadas. Es mejor que me digas cómo ir.
-Mira, si te pasa algo no me lo perdonaría.
No es que te vayas a matar, pero te puedes torcer un tobillo fácilmente, y entonces la cosa se complicaría. Quédate. Somos de fiar.
-Ya, pero es que....

-Ven, estamos comiendo. ¿Quieres arroz?


Recordé el restaurante de la noche anterior, con los camareros mirándonos mal.


-No, no, gracias. Tengo el estámago cerrado.
-Bueno, pues entonces un porrito, y agua. Ten. ¿Quieres un café?
-No fumes, cari, que ahora hay que subir.
-Tienes razón. Bueno, voy a ponerme guapo, que vamos a la civilización.

Cogió un jersey sucio y se lo puso.Me dio una garrafa de agua con posos de lo que parecía ser arena en el fondo, bebí.

-¿Quieres un cigarro? Pero son de liar, hay que hacerlos.
-Sé hacerlos. Yo también fumo de estos.
-Entonces perfecto.Líate uno. No me explico cómo has podido llegar aquí. Nosotros acabamos de volver a casa, hemos estado por el País Vasco.
-¿Y no tenéis miedo de que os la quiten cuando no estáis?
-No mucha gente quiere vivir aquí. es muy difícil bajar aquí de noche, o simplemente ir a buscar agua.
-¿Y cómo os llevásteis todas estas cosas?
-No nos las llevamos. Las dejamos aquí.
-¿Y si os las quitan?
-¿Quién iba a querer unos trastos viejos y unas mantas usadas? Estamos en Ibiza.


Se llamaban Raquel y Javi.


-¿De dónde eres, mi niña, o vives aquí?
-De Madrid.
-¡Del foro! Yo he vivido allí toda mi vida, aunque nací en Méjico. Raquel es de Barcelona. ¿De qué parte eres?
-Carabanchel.
-Buena gente. Vallecas, Carabanchel, Tirso....Yo vivía en Malasaña, con mis padres. Mi padre es...un cabrón, pero esa es otra historia.


Me recosté sobre la hamaca, aún temblando. Intentaba fijarme en todo. Los perros bebían en un tupper del agua que habíamos bebido nosotros. Una barbacoa humeaba tras ellos. Al fondo, un colchón.


-¿No pasáis frío aquí? En invierno, digo.
-Un poco. Pero cuando tenemos frío nos arrimamos. Sois muy jovencitas las dos, ella tiene 19, yo más de 40.
-Pareces más joven. Yo tengo 34.
-¿En serio? Entonces ya te habrás enamorado más de una vez, y habrás sufrido por ello.
-Alguna ha habido.
-Ah...el amor.
-Este esun sitio precioso. Si la montaña no fuera tan peligrosa....
-La montaña no es peligrosa, lo somos nosotros si nos resbalamos. Pero mira este sitio. El Atlantis. Es un sitio único. Es...nuestra casa.
-Sí.

Miré hacia el mar. Era un sitio increíble. Pensé en cuanta gente daría su vida por tener esas vistas.


La chica parecía más desconfiada. Más seria.

-Raquel acaba de recibir malas noticias sobre su familia.
-Yo también las recibí, cuando cumplí 25. Me dijeron que el que yo creí que era mi padre hasta entonces, en realidad no lo era.
-¿En serio? -preguntó ella, volviéndose-A mí me ha pasado exactamente igual.



Me contó que su madre había sido inseminizada, y que se lo habían dicho ahora, porque ya era mayor de edad.

No dejamos de hablar.

Recogieron todo, prepararon a los perros, y comenzamos a subir. Él se puso delante de nosotras, para marcar el camino, ella tras de mí. El cachorro cuando nos encontrábamos con alguna piedra alta, se ponía a gemir.

-Si lo sabe hacer. Ha subido por aquí cien veces. Lo que pasa es que es un llorón.

Subimos por otro lado, así que no pasamos por donde supuestamente estaba mi hermana esperándome. Pero cuando llegamos arriba estaban las dos. Y yo llegué, con mis dos hippies y los perros.

-Sabíamos que vendrías con alguien. Por eso tardabas tanto.
-No,no. Es que me he perdido.

Andamos hasta encontrar el roto en la valla, y allí nos encontramos con los chicos de la furgoneta.
-¡Hombre, Javi! Llevamos aquí ya un buen rato. ¿Y vienes con ellas?
-Ah, pero os conocéis.
-Ellos nos han indicado el camino antes.
-¿Sabes que dónde a aparecido ella? En la cueva.
-¿En vuestra cueva?
-Sí.
-Entonces es una aventurera. ¡Eh, vosotras!A partir de ahora, ella es la jefa.


Nos despedimos de ellos. Me di la vuelta mientras nos marchábamos. Javi sonrió y me gritó:

-Suerte.

Yo, aunque aún traumatizada por el miedo, no dejé de pensar en ello en lo que me quedó de viaje. Y después de él. Los comparaba con la gente del restaurante.

Javi y Raquel no tenían nada, pero aún así lo poco que tenían lo compartieron conmigo. Y representaban lo que la sociedad consideraba como parásitos, gente extraña, gente...sospechosa. Si te lo hubieras encontrado en el metro de noche seguro que te habrías cambiado de vagón.


Esa noche fuimos a ver otra puesta de sol, ya la última, ya que nuestro avión salía a las 11.

En Bennirrás es donde se celebra la fiesta de bongos más grande de Ibiza, todos los días de luna llena.

Había algunas personas tocando los bongos cuando llegamos. Nos sentamos en un chiringuito de madera.

Había un barco de vela grande en medio del mar, cerca de la orilla. Una zodiak iba y venía trayendo gente desde él a la playa.

Vimos una pareja de hippies abrazados, sentados en la orilla, mirando hacia el mar.

Cuando llegamos al aeropuerto nos sentamos en un banco. De repente mi hermana y yo nos miramos, por un chico que acababa de pasar, saliendo de una puerta que decía "Arrivals". Era Mark Van der Loo, el ex marido de Esther Cañadas y modelo de Hugo Boss.







Subimos al avión. Una chica sentada frente a maí hablaba por teléfono.

-Sí, ahora llegaré tarde a la Moraleja. ¿Qué tal el finde? (Pausa) Sí, mañana iré a recoger las falditas que me compré.


Entonces sacó un póster de pachá donde venían las lunas del 2008.



-Sí, sí, claro que iremos el próximo a Salamanca. (Pausa) No, tía....¿cómo vamos a ir al piso? ¡Vaya mierda! Iremos a la casa de Alfonso, que tiene piscina.

Mientras el avión torcía y dejaba Ibiza a un lado, yo miraba las últimas luces a mi izquierda y el castillo iluminado por la ventanilla.


Estúpidos madrileños que no ven más allá de su ombligo. Estúpido todo.

-Vuelta a pijolandia. -Dije.


La de alante,rubia, toda vestida de marca,sacó una botellita de hierbas ibicencas de su súper bolso de piel.


¿Por qué nos gustarán tanto los sitios a los que vamos de vacaciones? Será por eso que pasamos las vacaciones en ellos, y no donde vivimos.


Sentía que nadie me entendía en "la civilización". En realidad, sentía que nadie me entendía en casi ningún sitio.

Pensé de nuevo en la cueva. En todo lo que la sociedad nos ofrecía. Madrid, con una farolacada diez metros, las carreteras de Ibiza tierra adentro, totalmente a oscuras.


Recordé Lucía y el sexo. Y una frase que decían. Sentía lo mismo. Toqué la lagartija que llevo colgada en una cadena.

En la película, cuando ella llega a Formentera,le preguntaban:

-¿Cómo te sientes?

Y ella contestaba.

-Cada vez un poco más aquí, y un poco menos allí.






























servido por Rebeca sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de Rebeca

MUJERES QUE NUNCA EXISTIERON

Madrid, España
ver perfil »
contacto »
Como quien viaja a lomos de una yegua sombría, por la ciudad camino, no preguntéis adónde. Busco acaso un encuentro que me ilumine el día, y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden. (Sabina)

Fotos

Rebeca todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera